GARA – CULTURA  2001 Abendua – 24 Astelehena       (I

ENTREVISTA Natxo ZENBORAIN – Artista

 

«Me gusta manipular los objetos de alrededor y crear mundos oníricos»

 

Diciembre ha sido un mes especialmente gratificante para Natxo Zenborain. El artista iruindarra fue premiado el 16 con el premio Lorenzo el Magnífico de la Bienal de Florencia, y el 19, nada más aterrizar en Iruñea, inauguró una exposición de quince fotocalcografías y foto-psico en la Foto-galería del hotel Maisonnave. Con ellas espera sorprender al espectador y repetir en casa el éxito obtenido en Italia. Diciembre ha sido un mes especialmente activo y enriquecedor para el polifacético artista navarro Natxo Zenborain. Invitado por primera vez a la famosa Bienal de Florencia, conocida por ser punto de encuentro y reunión de artistas de todo el mundo, el pasado 17 de diciembre Natxo Zenborain culminaba su estreno en Italia con uno de los prestigiosos galardones de la Bienal en la maleta, el premio Lorenzo el Magnífico ­en honor a uno de los más famosos Medici de la mítica saga de mecenas ­. El galardón, concedido por 7 críticos de arte de renombre internacional, lo destaca entre los más de 600 artistas que participaron en la Bienal, lo que siempre es motivo de satisfacción y de orgullo.

Al día siguiente de su regreso, el 19, Natxo Zenborain inauguró una exposición de fotografías nada convencionales en el hotel Maisonnave, donde ahora, entre montaje y montaje, también cuelga su flamante Lorenzo.

Tal vez por ello, a la pregunta de cómo se siente, el artista responde que «cansado y tratando de tomar tierra, haber si me aclaro qué es lo que he hecho».

Bajo el título de "Psico-art", la exposición reúne una muestra de quince trabajos, mezcla de imagen y de pintura, con los que espera sorprender al público, tal y como lo consiguió con los críticos de Florencia, con notable éxito además. «He reunido lo que yo llamo fotocalcografías, que tienen una textura mucho más suave que los colores intensos que utilizo en las fotografías normales, y les da una especie de matiz aterciopelado, de gran suavidad. Pero que nadie espere una exposición de fotografías políticamente correctas», matiza.

El crítico de arte Pedro Salaberri es quien pone en palabras las múltiples sensaciones que Natxo trasmite con su obra. «Está claro que el mundo es un espectáculo, por lo menos, visto con los ojos de Nacho Zenborain. Todo lo que tenemos alrededor es susceptible de ser modificado. Me parece que cuando Natxo mira cualquier cosa que tiene cerca está transformándola de manera automática, se niega a aceptar aquello como se ve y decide cambiarlo. En parte, porque quiera divertirse, y, también, porque modificar el aspecto de las cosas es una forma creativa de apropiárselas, y una manera de combatir la pereza y la rutina que, a veces, nos impiden descubrir y disfrutar lo que tenemos cerca. En todo caso, es seguro que el mundo que ahora nos propone va a cambiar de nuevo en cuanto tenga la más mínima oportunidad» 

La inquietud elevada al arte

Paralela a su necesidad de transformar la realidad que le rodea, se encuentra su curiosidad por experimentar con las posibilidades que ofrecen las diferentes disciplinas artísticas, lo que hace que Natxo Zenborain pueda conjugar fotografía con pintura, dibujar tanto en lienzos como en murales, hacer instalaciones, protagonizar performances o montar audiovisuales. «Nunca estoy quieto ­señala­. Me gusta seguir manipulando los objetos que tengo alrededor, porque hacer siempre lo mismo me aburriría mucho».

En sus manos, esa manipulación de las imágenes cotidianas se transforma en una invitación a conocer otros mundos. «La realidad que hago se traduce en mundos oníricos, donde introduzco paisajes, fondos y formas que no tienen nada que ver con las humanas. Son como mi propio microcosmos, porque son fruto de mis pinturas y de mis fotografías. Doy un enfoque totalmente diferente a la realidad».

Las fotografías expuestas en el Maisonnave se mueven por los derroteros de la psicodelia, un mundo que le fascina desde hace tiempo. «El arte, como yo lo entiendo, no puede estar limitado por nada ni por nadie, por eso experimento continuamente. En el arte no se puede hacer un círculo y de aquí no se sale. Es una constante investigación, de la que salen nuevas actividades».

Esa constante investigación tiene como fin buscar un resultado «que impacte en el espectador, que lo obligue a detenerse y pensar, a ver los alrededores de las fotografías».

Sin embargo, lo suyo no es la provocación. «La provocación por la provocación siempre me ha parecido bastante estúpida ­manifiesta­. Una provocación simplona puede llamar la atención, pero no me convence. Ya que tengo otro tipo de estética y puedo dar otro tipo de imagen, no necesito esa provocación simple que aflora en muchas exposiciones modernas. Con todos mis respetos, pero mi trabajo es un trabajo más laborioso para llegar a un resultado». *

 

Idoia AROZENA