El arte en libertad no es un eslogan: es una forma de respirar.
Es el gesto radical de permitir que la belleza circule sin permisos, sin tornos, sin la vigilancia obsesiva de quienes confunden cultura con gestión y ciudadanía con público cautivo.
El arte en libertad ocurre cuando una ciudad se atreve a abrirse,
cuando deja que una escultura monumental dialogue con el frío,
con el ruido de las terrazas,
con el paso apresurado de quienes no iban a un museo
pero terminaron encontrándose con él.
Ocurrió en Pamplona aquel enero de 2012:
Rodin apareció en la Plaza del Castillo sin pedir cita previa,
sin pagar tasas, sin justificar su presencia ante ningún Excel.
El Pensador y Los Burgueses de Calais convivieron con la vida real,
con la gente común,
con la ciudad tal cual es,
no tal como la imaginan los informes culturales.
Eso es arte en libertad:
cuando la obra no se encierra,
cuando la cultura no se administra como un trámite,
cuando la belleza no se convierte en un producto con horario.
Hoy, en cambio, la deriva cultural parece empeñada en lo contrario:
encerrar, contabilizar, protocolizar, justificar.
Se protege tanto el arte que se le olvida liberarlo.
Se mide tanto la cultura que se le olvida sentirla.
Por eso aquel episodio permanece como un recordatorio genial para la ciudadania e incómodo para incultos políticos como los que me tocaron a mí por acercar el arte a los ciudadanos teniendo todos los permisos para ello en mi Performance Happening "Despertando a la ciudad" en el Pasaje de Seminario tambien en Pamplona, y me quisieron cobrar por ocupación de espacio público,
demostrando el poco valor que algunos tienen del arte, pero sigamos de esa censura a esta otra realidad que nos demuestra que:
la ciudad puede ser museo,
la plaza puede ser sala,
la ciudadanía puede ser público sin acreditación,
y el arte —cuando se le deja—
sabe encontrar su lugar sin necesidad de permisos.
Arte en libertad es esto:
la posibilidad de que lo extraordinario aparezca en lo cotidiano
y lo transforme.
PD: Y sí, ocurrió.
No fue ninguna alucinación.
Fue un ejemplo de lo que la ciudad podría ser
si dejara de temerle a la belleza sin jaula.





