La cultura abre espacios.
Abre puertas, ventanas, grietas y respiraderos.
La cultura ensancha, ilumina, incomoda, descoloca.
Es un territorio donde cualquiera puede entrar sin pedir permiso.
La incultura los administra a su antojo.
Pone vallas, horarios, sellos, autorizaciones y guardianes del “no conviene”.
Convierte el espacio común en propiedad privada.
Lo que era de todos pasa a ser de unos pocos… y siempre los mismos.
La cultura incomoda al poder.
Le recuerda que no es eterno, que no es perfecto, que no es dueño del relato.
La cultura señala, cuestiona, desvela, rompe la foto oficial.
La incultura lo sirve con zalamería.
Le ríe las gracias, le pule la imagen, le fabrica aplausos.
Es experta en genuflexiones: su estética es la reverencia.
La cultura multiplica voces.
Convoca, mezcla, amplifica, hace coro.
Da lugar a lo diverso, lo raro, lo inesperado.
La incultura exige silencio, porque pensar es “feo”.
Prefiere el murmullo dócil, la obediencia estética, la neutralidad fingida.
El pensamiento le molesta: hace ruido donde ellos quieren eco.
La cultura es riesgo.
Es salto, vértigo, duda, experimentación.
Es la posibilidad de fallar para poder avanzar.
La incultura es un vulgar trámite burocrático.
Sellos, formularios, comisiones, informes, excusas.
Una maquinaria diseñada para que nada cambie y todo parezca moverse.
La cultura libera.
Abre la mente, el cuerpo, la memoria, el futuro.
Es un acto de emancipación, incluso cuando no lo pretende.
La incultura controla con su viejo pan y circo.
Entretenimiento sin pensamiento, espectáculo sin profundidad.
Una fiesta permanente para que nadie pregunte nada.
La cultura pregunta.
¿Quiénes somos?
¿Qué hacemos?
¿A quién sirve lo que hacemos?
La cultura es la pregunta que nunca se cierra.
La incultura factura: la rentabilidad de la estupidez.
Todo se mide en clics, cifras, impacto, rendimiento.
La ignorancia se convierte en negocio, y el negocio en norma.
La cultura pertenece a todos.
Es un bien común, un derecho, un territorio compartido.
Nadie puede apropiársela sin empobrecerla.
La incultura pertenece a quien manda… y a sus lacayos.
Se hereda, se reparte, se administra como un botín.
No busca crear: busca conservar su pequeño reino de mediocridad.
Art liberation- Natxo Zenborain - Republik Natxiana


