La literatura es nutritiva e imaginativa e incluso extrapolable----
Imaginemos a Marcos, el protagonista de Fotuto del escritor cubano Miguel de Marcos (1854 - 1954 La Habana), como un gestor cultural… pero no uno visionario ni apasionado por el arte, sino como el símbolo perfecto del gestor institucionalizado, atrapado en la maquinaria de la cultura oficial.

En lugar de promover la creatividad, Marcos organiza exposiciones que nadie visita, aprueba proyectos que no entiende y redacta informes que nadie lee. Su trabajo no es dinamizar la cultura, sino administrar su simulacro. Es el tipo de gestor que convierte la cultura en trámite, en protocolo, en acto sin alma. En vez de abrir espacios para la disidencia o la imaginación, sella con sellos oficiales cualquier atisbo de riesgo.

Así, Marcos no es un enemigo de la cultura, sino algo más inquietante: su burócrata leal. Representa esa figura que, bajo el disfraz de promotor cultural, reproduce el orden establecido, neutraliza lo incómodo y convierte el arte en un apéndice del poder.

En este sentido, Fotuto puede leerse como una crítica feroz a cierta institucionalización de la cultura, donde el gestor no es puente entre el arte y la sociedad, sino filtro, freno y fachada.
PD: Cualquier parecido con nuestra realidad es tristemente de lo más tangible y real -Cultura oficialista-