“El arte que cruzó los muros ”
Llevé una exposición al Centro Penitenciario de Pamplona. No era una muestra convencional, ni un gesto institucional. Fue un acto de convicción: acercar el arte sin filtros, sin privilegios, sin distingos. Una exposición bella y cruda, con obras de Psychoart y surrealismo, animada, comentada, compartida. Entró en el pabellón de mujeres y en el de hombres. Entró con los permisos de Instituciones Penitenciarias en Madrid —Ministerio del Interior—, y fue recibida como si alguien hubiera abierto una ventana entre los muros carcelarios. Vi cómo las imágenes se convertían en conversación. Cómo cada obra provocaba un pequeño terremoto interior: silencios densos, risas inesperadas, miradas que se perdían en los recovecos de la memoria. Algunos buscaban sentido, otros se dejaban atravesar. Cada interpretación era un estado mental en tránsito: la evasión, la identificación, la sospecha, la ternura, el vértigo. Escuché frases que no estaban en ningún catálogo al uso: “Por un rato, no estábamos de