CULTURA vs INCULTURA: GANANCIA Y CONTROL
La cultura abre espacios. Abre puertas, ventanas, grietas y respiraderos. La cultura ensancha, ilumina, incomoda, descoloca. Es un territorio donde cualquiera puede entrar sin pedir permiso. La incultura los administra a su antojo. Pone vallas, horarios, sellos, autorizaciones y guardianes del “no conviene”. Convierte el espacio común en propiedad privada. Lo que era de todos pasa a ser de unos pocos… y siempre los mismos. La cultura incomoda al poder. Le recuerda que no es eterno, que no es perfecto, que no es dueño del relato. La cultura señala, cuestiona, desvela, rompe la foto oficial. La incultura lo sirve con zalamería. Le ríe las gracias, le pule la imagen, le fabrica aplausos. Es experta en genuflexiones: su estética es la reverencia. La cultura multiplica voces. Convoca, mezcla, amplifica, hace coro. Da lugar a lo diverso, lo raro, lo inesperado. La incultura exige silencio, porque pensar es “feo”. Prefiere el murmullo dócil, la obediencia estética, la neutralidad fingida. El