Brasil siempre ha sido una especie de sorpresas inesperadas en mi trayectoria artística. En el año 2005, Desde Brusque o Brunesque, como algunos la llamaban en la escena underground del sur de Santa Catarina — un grupo de hardcore se puso en contacto conmigo. Parece ser que ya habían visto parte de mi obra y, en aquel intercambio de comunicaciones entre Pamplona y Brasil, selecionamos la imagen “Lisístrata”, que terminó siendo la portada de su disco.
Aquel álbum era una mezcla de hardcore crudo y metalcore temprano, muy coherente con la energía underground que definía la región en esa década. Mi obra viajó más lejos de lo que yo imaginaba, incrustada en un sonido que no pertenecía a mi geografía, pero sí a mi imaginario: intensidad, ruptura y diferencia a lo común conocido.
Veinte años después, Brasil volvió a aparecer en mi camino, esta vez desde otro ángulo. La Revista Cultural Arte Cítrica, dedicó cuatro páginas a mi surrealismo y a mi Psychoart, acompañadas de varias de mis obras:
- Mente y espíritu / Mind and spirit Colagem digital com suas próprias fotografias / Digital collage with your own photographs 70 × 50 cm, 2018
- Esfinge o Enigma / Sphinx or Enigma Colagem digital com suas próprias fotografias / Digital collage with your own photographs 69 × 47 cm, 2015
- Melancolia en otoño / Melancholy in autumn Colagem digital com suas próprias fotografias / Digital collage with your own photographs 60 × 60 cm, 2024
Estas obras, además, formaron parte de la exposición que la revista organizó dentro de su proyecto Território Cítrico.
Así que, entre guitarras distorsionadas, surrealismo y psychoart, entre el underground catarinense y la crítica cultural contemporánea, Brasil ha sido —sin buscarlo— un territorio donde mi obra ha encontrado resonancias inesperadas. Un país que primero me descubrió desde la música y, dos décadas después, desde el arte.
Memorias de un surrealista y sus apariciones en Brasil.





